Una fuga de película en Horsens

La realidad supera muchas veces la ficción, y si no que se le lo digan a Carl August Lorentzen, ejemplo de que la voluntad mueve montañas o al menos excava túneles. Este danés protagonizó en las Navidades de 1949 una espectacular fuga de la fortificada cárcel Fængslet, en Horsens, al más puro estilo de un thriller hollywoodiense. Con la ayuda de una cuchara y otros objetos cotidianos, construyó un túnel de 18 metros de longitud y logró rebasar con mucha dificultad los muros de la prisión… ¿Qué creéis que ocurrió después? Vamos a bucear en su historia para comprender los motivos por los que perseveró hasta lograr escapar de su celda del sótano de la prisión de Fængslet.

Tras estos muros pasó buena parte de su vida Carl August Lorentzen.

Una infancia complicada

Carl August nació a las afueras de Copenhague en el seno de una familia con problemas, su padre era alcohólico y su madre tan sólo tenía 18 años. El matrimonio tuvo cuatro hijos y se separó muy pronto: a dos de sus hijos los dieron en adopción y los otros dos, entre ellos Carl August, acabaron en un orfanato. Desde muy pequeño Carl tuvo muy buena relación con su prima Lona, con la que, según sus memorias, hurtaba manzanas y hacía fechorías por la calle. Pronto empezó su currículum delictivo con pequeños robos y estafas, que ocasionaron que sumara estancias en la cárcel por un total de 37 años y medio. Es decir, vivió más tiempo entre rejas que en libertad.

El protagonista de esta apasionante historia.

El amor mueve montañas

A Lorentzen le pesaba como una losa estar confinado, para él la libertad lo era todo. Era hábil e inteligente, y a lo largo de su vida logró escaparse nueve veces de la cárcel. En uno de sus periodos en libertad se casó con su prima Lona, su gran amor según confesó más tarde. En 1948 volvió a delinquir y como ya era un reincidente consumado, le encarcelaron bajo el régimen de prisión preventiva indeterminada en la prisión de Horsens. Mientras estaba preso en la cárcel, Lona le dijo que quería poner punto y final a su matrimonio. Y Carl, que seguía enamorado de ella, empezó a urdir la que sería su última fuga. Descubrió que una de las celdas del sótano de la cárcel, la número 7, se unía a una cavidad bajo unas escaleras, y logró que le trasladaran a ella. Su plan era tan sencillo como complicado de realizar: excavar un túnel que le llevara hasta estas escaleras, y así escapar para convencer a Lona de que no le abandonara.

El túnel de 18 metros de longitud que excavó Carl August.

El túnel

Evidentemente no tenía herramientas, así que con objetos cotidianos como una cuchara, una aguja de coser que unió a una pieza de madera o un cuchillo sin afilar empezó a excavar un túnel tras la pequeña estantería de su celda. Toda una proeza que le llevó once meses de trabajo nocturno, para construir un conducto de 60 centímetros de altura, 70 cm de ancho  y 18 metros de longitud.

Más tarde confesaría que estuvo a punto de arrojar la toalla cuando a la mitad del túnel la tierra se volvió mucho más arenosa, lo que le dificultó mucho la tarea. Pero ni la oscuridad, la ausencia de herramientas adecuadas o la falta de oxígeno lograron doblegar su voluntad de escapar.

La estantería que ocultaba la entrada al túnel, y varias de las herramientas que fabricó de manera casera para construir el túnel.

Revuelo social

Cuando por fin terminó el túnel y eligió la fecha final, la noche del 22 de diciembre de 1949, Lorentzen tenía 53 años. Antes de su fuga no pudo resistirse a dejar escrito un mensaje en una hoja de papel a la entrada del túnel: “Donde hay una voluntad, también hay un camino”.

Cuando se escapó y se conocieron detalles de su fuga, los medios de comunicación daneses se volcaron en la cobertura mediática y fue sin duda el tema estrella de las reuniones navideñas. El estado ofreció una recompensa de 1.000 coronas danesas (hoy en día equivale a unos 133 euros, pero en 1949 era una cantidad considerable) a quien le encontrase o diese pistas sobre su paradero.

Sin embargo, el ingente esfuerzo que realizó Carl August para reunirse con Lona no se vio recompensado. Una semana después de su huida Ole Jorgensen, el dueño de una granja a las afueras de Horsens, le descubrió robando comida de su cocina. Cuando ingresó nuevamente en la cárcel requisaron a Lorentzen varias de las herramientas caseras que llevaba con él en la huida: 4 llaves, una ganzúa, unas pinzas, una piedra de afilar y un cuchillo de pelar.

Paradojas de la vida, la sociedad danesa había empatizado tanto con el fugado que el granjero que le capturó recibió más de cuarenta cartas en las que le amenazaban por haberlo entregado a la policía. Por su parte, Carl August recibió decenas de misivas de apoyo en la prisión. Nunca más pudo escapar, pero logró su objetivo: en 1955 se caso nuevamente con Lona y estuvieron juntos hasta que Carl falleció en 1958.

Titulares de la prensa danesa tras la fuga de Carl August Lorentzen.

El museo

He podido conocer con detalle las ansias de libertad de Lorentzen, porque cuando en 2006 salió el último recluso de Fængslet, la cárcel se reconvirtió en un interesantísimo museo que abrió sus puertas en 2012. En lugar de desmantelar la prisión se ha conservado intacta para reflejar las vivencias ocurridas tras los muros de esta institución penitenciaria.

Las rejas del vestíbulo de la cárcel.

Como no podía ser de otra manera, la fuga de Carl August ocupa un lugar muy destacado, y se ha recreado con realidad virtual la experiencia de estar dentro del túnel. Cuando te pones el casco con las gafas realmente puedes sentir un poco más de cerca lo que sintió Lorentzen cuando excavaba su camino a la libertad.

Al visitar el museo de Fængslet podemos pasear por las celdas en las que vivieron los reclusos, la enfermería en la que trataban sus dolencias, la cocina en la que se preparaban sus comidas, los baños y las salas comunes…

También refleja de manera musealizada aspectos que igual han quedado más ocultos en la vida de los presos: los regalos que recibían en Navidad o en sus cumpleaños, cómo modificaban objetos cotidianos para intentar escapar o consumir drogas o las emociones de los hijos en las visitas a sus progenitores. Asimismo han reconvertido algunas celdas en habitación, para que los huéspedes puedan percibir la soledad y el aislamiento de alojarse en una cárcel, y una tienda en la que se puede comprar merchandising temático. Las empresas también organizan eventos de teambuilding en un entorno tan evocador para estrechar los lazos de sus empleados.

El capellán de la cárcel y algunos de los regalos que entregaba.

Nueva vida a la cárcel

Es admirable la manera en la que se ha dotado de vida a la antigua prisión de Horsens, porque además del museo es el escenario de acontecimientos culturales muy interesantes: el festival medieval de Horsens en agosto (os hablé de él en este post); un festival musical llamado Wall of Sound que atrae a figuras importantes de la escena musical, o el festival de literatura negra Crime Fiction Festival que se celebra muy pronto, a finales de marzo. Desde luego, no podían haber elegido mejor escenario para retratar el crimen y las pasiones humanas.  ¡Así que ya sabéis, haced lo inverso que Carl y marcaos una escapada a la prisión de Horsens que bien merece la pena!

3 Comentarios

  1. Una apasionante historia de la perseverancia humana. No me queda claro qué tipo de delitos cometió para merecer tantos años de cárcel. Y, además, si después de casarse con su prima pudieron vivir en libertad o en cautividad.
    Un ideal aprovechamiento para un lugar de penitencia: el convertirlo en museo.

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  2. Vaya tela el granjero que le denunció sin haber llegado a su amada….
    Y como se nota que no hay delincuencia en Dinamarca, para rato se queda aquí vacía una prisión 🤔🤔

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