Odense, vergel literario

Hay ciudades cuyo destino está íntimamente ligado a una figura, y la pequeña urbe de Odense es el perfecto ejemplo de ello. En su caso, fue el lugar de nacimiento del escritor de cuentos infantiles más famoso del mundo, Hans Christian Andersen, y su recuerdo impregna muchos de los rincones de la ciudad. Se encuentra situada en la isla de Fionia (entre Jutlandia y Selandia), y presume de unas cifras envidiables en varias áreas. Por ejemplo, sus 560 kilómetros de carril bici, una barbaridad en una ciudad de tan sólo 200.000 habitantes; aunque como ya escribí previamente, Dinamarca es un país volcado en la bicicleta. También cuenta con 250 parques infantiles, y debe su nombre al dios vikingo Odín. De hecho, significa literalmente ‘santuario de Odín’. Odense es muy agradable y presenta muchos atractivos para recorrerla durante un fin de semana. Varias de estas visitas te transportarán al pasado, y os comparto por aquí algunos de sus lugares imprescindibles.

Las bicis pasean entre los grafitis de la ciudad.

Locomotoras a vapor

El Museo del Ferrocarril Danés (Danmarks Jernbanemuseum) es una delicia para todos aquellos que tengan curiosidad por la historia. Aunque el gran protagonista es este medio de transporte que no pasa de moda, es muy buena opción para bucear en la sociedad y en la industrialización danesa desde mediados del siglo XIX. Se ubica en un hangar de trenes construido en 1954, y tiene 21 pistas, cada una con vagones de época.  Muchos de ellos son icónicos, como el H40, el ferrocarril de vapor más antiguo conservado en el país (data de 1868). Los visitantes pueden acceder a muchos de los compartimentos y comprobar en persona lo incómodos que eran hace cien años los asientos de tercera clase, o el auténtico lujo de viajar en primera.

En la planta superior hay un museo con muchos artilugios y documentos gráficos relacionados con el mundo del ferrocarril. Aquí se puede descubrir también la historia de los trenes-ferry, que eran el medio de transporte utilizado para cruzar entre las islas danesas antes de que se construyeran los dos puentes que las unen. Este museo también es un lugar genial para los pequeños, porque tiene una zona de juegos interior y exterior muy grande, disfraces y un pequeño tren en el que se pueden montar. Los niños entran gratis y los adultos pagan  80 coronas (cerca de 11 euros).

Recreación del trabajo de los operarios del ferrocarril.

Recorridos evocadores de otra época

Pasear por Odense es retroceder en el tiempo: cuenta con una parte antigua muy bien conservada, calles empedradas con edificios de bonitas fachadas de colores y arquitectura clásica. En una de estas casas, transformada en museo, nació Hans Christian Andersen en 1805. Y en esta zona tan coqueta se sitúa el museo Møntergården, que combina un edificio moderno con la historia de la isla de Fionia (su industria, su papel en la resistencia durante la II Guerra Mundial o sus logros culturales) y varios ejemplos de patios y de arquitectura clásica danesa al aire libre del siglo XVI. Es una visita muy entretenida porque estas casitas antiguas son preciosas y algunas se pueden visitar para ver los muebles y la porcelana de época. También alberga un pequeño museo para niños donde se puede tocar absolutamente todo, y se imparten talleres sobre oficios antiguos. La entrada a este museo cuesta 11 euros para los adultos, los niños acceden gratis.

Una de las bonitas fachadas que se puede contemplar en el centro de Odense.

Sabores del mundo

En Dinamarca se llevan mucho los street food o mercados con puestos de comida de diversos países. Con anterioridad os hablé de los que hay en Aarhus y Copenhague, todos maravillosos, y Odense no es una excepción. No olvidemos que a la isla de Fionia se le ha apodado como ‘la despensa, el jardín y el vergel’ de Dinamarca, y la materia prima es muy buena (doy fe de ello). En pleno casco histórico de Odense se encuentra Arkaden, un street food a cubierto con decoración muy nórdica, pequeñas salitas ambientadas para grupos pequeños, rincón infantil, catorce puestos con sabores del mundo y dos bares.

Más lejos, en el puerto de Odense, se encuentra el Storms PakHus, más grande y también a cubierto. Es una estupenda opción con 24 puestos de comida, seis bares y diferentes talleres para realizar actividades.

Interior del Arkaden, un epicentro de sabores del mundo muy apetecible.
Exterior del mercado de comida en el puerto. FOTO: ANDREAS/STORMS PAKHUS

Andersen por doquier

Como os comentaba antes, Odense se ha volcado en reconocer el legado de Hans Christian Andersen, y la ciudad en sí es un monumento a su figura. Para adentrarse en su vida y obra, ha creado un pase que aglutina la entrada de cinco museos: el museo Hans Christian Andersen, la casa en la que nació, la casa en la que creció, el museo Møntergården y el museo para niños que hay en este último centro. El precio para los cinco museos es muy asequible, unos 17 euros, y merece mucho la pena. Y en ellos podrás descubrir la dura infancia del escritor, su pasión por los viajes y el origami o los diferentes apartamentos que ocupó en su querida Copenhague.

El arte también ha hecho guiños al escritor en forma de grafiti o esculturas, y hay varias diseminadas por la ciudad que nos recuerdan obras como El traje nuevo del emperador, El soldadito de plomo o La maleta voladora, entre otras.

Escultura de ‘El traje nuevo del emperador’.

El puerto

Los daneses me recuerdan a veces a los británicos: en cuanto hay un rayo de sol sacan la ropa de verano y las chanclas, aunque estemos a diez grados. Os voy a recomendar el puerto de Odense, que no pude visitar pero que sin duda es un buen lugar por dos motivos. El primero, para ver cómo se ha recuperado una zona industrial para convertirla en un núcleo vivo, lleno de residencias nuevas y restaurantes. Y en segundo, porque ha habilitado una zona gratuita y muy segura para bañarse, con vestuarios y duchas, para que los daneses y los visitantes desafíen las temperaturas y se den un buen chapuzón.

La zona habilitada para el baño en el puerto de Odense. FOTO: VISITODENSE

Además, a tan sólo media hora de Odense podéis visitar el maravilloso castillo de Egeskov, que protagonizó hace tiempo este post. Es una parada absolutamente recomendable que no os va a defraudar.

Reconozco que mientras escribo este post me están dando unas ganas locas de regresar a esta bonita ciudad y de paso descubrir los museos que tiene sobre la época vikinga, el zoo o alguno de sus variados festivales. Así que puede que caiga en el futuro la segunda parte de esta pequeña pero inquieta ciudad que es Odense.

Gracias una vez más por pasaros, y recordad que el sorteo del aniversario de los seis meses del blog sigue vigente hasta el próximo 21 de mayo. ¡Mucha suerte y feliz fin de semana!

10 Comentarios

    1. ¡Eres más rápido que Speedy González comentando, jaja! Pues me han entrado unas ganas locas de volver, el zoo tiene muy buena pinta, el puerto también, los festivales, los museos vikingos… Como ves, me estoy autoconvenciendo para regresar! Feliz fin de semana, parisien.

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  1. Michelle, se te ha olvidado poner que el modesto equipo de fútbol de Odense eliminó al todopoderoso Real Madrid de Europa hace 26 años. El año pasado, con motivo del 25 aniversario, sacaron camisetas de recuerdo que se agotaron rápidamente. En aquel Madrid jugaba un danés, Michael Laudrup, así como Luis Enrique o Butragueño. Desde entonces hasta ahora, el equipo blanco ganaría 7 Champions, las mismas que ha conseguido el Milán, segundo equipo con más Champions. Pero eso ya es otra historia….

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  2. Pues Michelle, yo te recuerdo que el primer jugador extranjero que fichó Osasuna, fue danés: Michael Pedersen. Por cierto en dos temporadas, siendo delantero creo que solo metió un gol. Posteriormente jugó otro danés, Cristiansen, también malillo.
    Como verás, algún día tendrás que ilustrarnos del fútbol danés.

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  3. Qué sitio más encantador. He alucinado, de tamaño es más o menos como Pamplona, y tantísimos carriles bicis y parques… qué maravilla. Muchos besos.

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