Tivoli, universo vintage

Quién más, quién menos, tiene una idea sobre Tivoli, el lugar más visitado de Dinamarca: que es un parque de atracciones, que tiene muchos años y que está en Copenhague.  Todo esto es cierto, pero hoy quiero compartir con vosotros una perspectiva diferente de por qué es un sitio especial.

Rezuma historia por los cuatro costados: el Tivoli presume de ser el cuarto parque de atracciones más antiguo del mundo, ya que abrió sus puertas el 15 de agosto de 1843. Este podio vetusto lo lidera curiosamente otro parque temático danés, Bakken, inaugurado allá por 1583. Tivoli sobrevivió a los destrozos de los nazis y se mantiene prácticamente intacto, también con sus famosos jardines.

Este tiovivo lleva girando muchos pero que muchos años.
Esta heladería lleva más de cien años sirviendo dulces en el parque.

Estética vintage: 177 veranos no pasan en balde, y por eso el Tivoli tiene rincones mágicos, con una decoración entre retro y vintage que tiñe todos sus detalles y lo diferencia de cualquier otro parque de atracciones. Como por ejemplo, la posibilidad de poder dar un paseo en un coche antiguo perfectamente conservado, o subirte a una noria cuyos compartimentos emulan un globo aerostático. Esta estética alcanza su máximo esplendor por la noche, con una iluminación tenue que te acompaña al pasear por sus rincones. Este aire romántico hace que sea un lugar escogido por muchas parejas danesas para retratarse el día de su boda.

Regios y dulces: en Tivoli se puede visitar la Bolchekogeriet, una coqueta tienda en la que es posible contemplar la elaboración artesanal de caramelos hervidos. Estos caramelos se remontan hasta el siglo XII, cuando la farmacia real danesa los fabricaba para hacer más agradable el sabor de la medicina. Se trata de unos dulces compuestos por azúcar y sabores, que se calientan hasta los 170º formando una larga tira que luego se corta en caramelos pequeños. Se convirtieron en los favoritos del rey Christian V en el siglo XVII, y siguen siendo muy populares en Dinamarca.

Sabor nórdico: algunos parques de atracciones tienen una oferta tan neutra y globalizada que lo mismo pueden ubicarse en Shanghai, en Madrid o en Nevada. Pero Tivoli tiene tanta personalidad que, a su longeva existencia y su estética retro se le suman atracciones que te recuerdan que estás pisando territorio nórdico. Una de ellas es Den flyv kuffert (`’La maleta voladora’), un precioso recorrido en movimiento por algunos de los cuentos más famosos del escritor danés Hans Christian Andersen. Sin duda, una de mis atracciones favoritas de todo el parque. Además, los amantes de la época vikinga pueden recordar la mitología nórdica en el Castillo de Valhalla.

Copenhague a tus pies: en un país volcado en el ocio familiar, no es de extrañar que un parque de atracciones tan emblemático esté en pleno centro de Copenhague. Tivoli se ubica frente al ayuntamiento de la ciudad y al lado de la transitadísima estación de tren, por lo que acceder a él no puede ser más fácil. Por eso es todo un lujo contemplar la silueta de una ciudad tan especial desde las alturas de la noria.

Es un foco cultural: como ya os he dicho antes, Tivoli no es un parque de atracciones convencional. Durante el verano se celebran conciertos al aire libre en sus jardines (los viernes ofrecen actuaciones de un amplio espectro musical de manera gratuita) y su Koncertsal acoge a cubierto conciertos de música clásica durante todo el año. Otro plus que os recomiendo es el espectáculo de fuegos artificiales que se celebra todos los sábados estivales. Y si fuera poco, Tivoli muta como un camaleón tres veces al año: en Pascua, Halloween y Navidad todo el parque se adereza con decoración temática que le da un toque muy auténtico.

Los fuegos artificiales del verano son maravillosos.
En este escenario se representan espectáculos todos los días.

Popurrí arquitectónico: los edificios del parque son muy eclécticos. Lo mismo te encuentras una pagoda china, un palacete de reminiscencias árabes o una caseta digna de un decorado de ‘Amélie’, pero esta mezcolanza no chirría nada. De hecho, el universo Tivoli ha seducido al prestigioso estudio de arquitectura danés BIG, que está inmerso en el diseño del Hans Christian Andersen Hotel en pleno parque. BIG es sinónimo de vanguardia, os dejo aquí un esbozo del futuro hotel que honrará el legado del famoso escritor.

La pagoda china es uno de los rincones más fotografiados del Tivoli.
Recreación del futuro hotel Hans Christian Andersen, del estudio de arquitectura BIG.
FOTO: DEZEEN.COM

Luces de autor: los jardines de Tivoli albergan un proyecto de uno de los referentes en el diseño danés, Olafur Eliasson. Este artista dano-islandés diseñó la instalación Little Sun Light Swarm, 33 lámparas cuyo aspecto cambia según el tiempo, la luz y su posición. Están confeccionadas con bronce recubierto de paneles con espejos y cristales cromáticos y cuelgan entre los árboles.

El aspecto de las lámparas cambia según la luz del día.

Diversión asegurada: y si todo lo anterior no fuera suficiente, no olvidemos que es un parque en el que cualquier visitante, al margen de su edad, puede soltar adrenalina en las más de treinta atracciones disponibles.

Hay varias modalidades para disfrutar de Tivoli, cada visitante elige cómo hacerlo.

La primera, comprando una entrada que sólo te da acceso al parque, no a las atracciones. Cuesta 135 corona (18 euros), y una vez dentro puedes adquirir entradas sueltas si te apetece montarte en algo. Hasta los tres años la entrada es gratuita, y para niños de entre 3 y 7 años la entrada cuesta la mitad. Como en tantos parques temáticos daneses, también es posible comprarse un pase anual por 350 coronas (47 euros) y visitarlo las veces que se quiera durante todo el año.

Y los que lleguen con la sana intención de desmelenarse y probar toda la oferta lúdica del parque, pueden comprar el pase ilimitado para montarse en todas las atracciones por 245 coronas (33 euros), un precio único para todas las edades. Ojo: este pase no incluye la entrada, por lo que el precio final sería unos 51 euros cada adulto.

Otro recordatorio que os tengo que hacer es que el Tivoli permanece abierto prácticamente todo el año, pero las atracciones, debido al rigor del clima nórdico, sólo están abiertas entre abril y octubre.

El departamento de prensa me invitó para poder escribir este post, y yo os recomiendo que sí o sí os compréis la entrada general. Una vez dentro del parque podéis valorar si os merece la pena o no haceros con el pase ilimitado para las atracciones (yo creo que sí compensa, pero es algo muy personal).

Decidme… ¿Os han entrado ganas de visitar este parque centenario?

¡Tras once horas en el parque me temblaban las piernas!

6 Comentarios

  1. Yo.
    Pues qué bien documentada estás, Michelle. Da gusto toda la investigación que haces sobre lo que escribes, y además lo disfrutas in situ.
    Desde luego que dan ganas de visitar el Tivoli. Pero mejor hacerlo de forma dosificada para disfrutarlo mejor y no acabar como tú. 😉

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  2. Ehhhh ya te invitan desde Prensa??? Qué bien, dando pasos jaja. Me encanta sí el parque, qué pintaca. Y el soldadito en la barandilla es lo más! Completo artículo en la parte redaccional y en la visual

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