Entrevista a Román Oyarzun

¿Qué define a esta bitácora digital que lees con tanto cariño cada semana? Que es un blog escrito en castellano sobre Dinamarca. Por eso me ha parecido apropiado despedir el año con la entrevista al máximo representante de España en Dinamarca. Román Oyarzun Marchesi, de 63 años, es el embajador español en Dinamarca y llegó a Copenhague en marzo de 2018. Muy culto y cercano, Román lleva la diplomacia en vena y ha ejercido sus artes en Siria, Uruguay, Bélgica o Argentina. También consagró 15 años de su vida a las Naciones Unidas en Nueva York. Como veis, su vida no ha sido nada aburrida, y ahora disfruta del cargo en una ciudad en la que se siente muy cómodo y en la que la bicicleta se ha convertido en un apéndice más, como el de tantos daneses. Os aviso que es una entrevista larga, pero merece la pena que la leáis hasta el final, ¡no tiene desperdicio!

El embajador posa frente a algunas de las fotografías que guarda en su despacho de la Embajada española en Copenhague.

Eres hijo y nieto de diplomático, Román. ¿Qué enseñanzas te han legado tus antecesores en la diplomacia?

Debo mucho a mis padres, he visto de primera mano el trabajo de dos grandes maestros. Mi padre tuvo una carrera muy buena: fue embajador en República Dominicana, en Irán en la época de Khomeini y en Canadá, y también tuvo un puesto como Encargado de negocios en España y Cuba. En este oficio el cónyuge también representa, y mi madre me llenó de enseñanzas. Cuando ya se jubiló se dedicó a escribir varios libros sobre protocolo que fueron un auténtico éxito. No sé si he sido buen o mal alumno, pero desde luego he tenido a los mejores maestros. Y por supuesto no llegas a la carrera aprendido, yo me he fijado mucho en todos los jefes espléndidos que he tenido. Se lo trato de inculcar a los jóvenes, que aprendan mucho de sus jefes para lo bueno y, sobre todo, para lo malo.

¿Cuáles son las principales virtudes que debería tener un diplomático?

Primero debe ser inteligente. Segundo, tener iniciativa con cierta prudencia. Tercero, poseer una importante capacidad de relacionamiento: las relaciones personales son la base de las relaciones diplomáticas. Y también debe contar con una gran capacidad de análisis estratégico. Pero te diría que lo fundamental es que sea inteligente, con ilusión y con iniciativa, porque si falta uno de estos tres factores no me sirve.

¿Y cuál sería el peor escenario posible para ejercer la diplomacia?

Es muy traumático para un embajador estar destinado en un país con el que rompes relaciones diplomáticas. Yo he estado en algunos destinos complicados donde se han tensionado las relaciones, pero más desalentador todavía es cerrar una embajada: despedir a la gente, abandonar el edificio… Tienes la sensación de que lo has hecho mal y de que no has sabido potenciar la relación bilateral. Creo que eso es lo peor, más que estar en un país en guerra. Mi padre fue embajador de Irán en plena guerra con Irak y los bombardeos eran constantes, pero encuentra que fue la época más apasionante de su carrera como diplomático.

¿Qué ejercicio mental hay que hacer para llegar a un país desconocido y desempeñar un cargo con tantas relaciones heredadas?

Hay que realizar una importante labor de aprendizaje, procuramos llegar a los destinos debidamente informados. Los meses previos buceas y analizas la historia, la economía, la cultura del país… Hoy en día la globalización hace que sea muy difícil que un diplomático desconozca el país al que va. Normalmente pedimos destinos porque ya nos han despertado cierto interés.

Así que se pide el destino, ¿no se adjudica?

A medias, en general más o menos lo pides. Hasta que eres embajador lo pides, y cuando eres embajador te pueden poner más restricciones. Detrás de todo destino hay una explicación. A mí Oriente Medio me apasionaba, tuve la suerte de ir a Damasco y  establecimos relaciones diplomáticas con Israel en 1986, fue muy emocionante. En Argentina había vivido de pequeño con mis padres; en Uruguay conocía muy bien el país porque había estado destinado mi tío. En Nueva York me parecía que las Naciones Unidas me podían aportar una especialización única en el mundo multilateral. Y en Copenhague mis padres vivieron cinco años y medio.

Has ido siguiendo las huellas de tíos, padres…

Un poco sí. Tenía las mejores referencias de Dinamarca por mis padres, y ya conocía algo el país. Respecto a las relaciones personales, son más complicadas porque los amigos no se heredan. Te tienes que esforzar en tejer tus relaciones personales, y procuras dejar un listado de contactos a tus sucesores. En algunas embajadas es muy fácil, por ejemplo en Buenos Aires había 700 instituciones culturales españolas, era un tsunami de invitaciones y requerimientos. Aquí en Dinamarca estamos más faltos de una estructura institucional: ahora hay una Casa de España virtual, pero el coronavirus no ha sido un buen aliado. Cuando llego a una embajada me marco una serie de objetivos en el ámbito económico, cultural, turístico… y en el más importante, el de los residentes. Al identificar estos objetivos vas estableciendo contactos y construyes un armazón de relaciones que pasas a tu sucesor, pero cada uno pone su impronta particular.

¿Cuál ha sido el momento más gratificante de tu carrera diplomática?

Lo tengo clarísimo, cuando ganamos la candidatura de España al Consejo de Seguridad de la ONU. Llegué a la ONU para darle el último empujón a esta campaña y finalmente entramos para el periodo 2015-2016. Cuando estás en este Consejo estás en la Champions del mundo de la diplomacia multilateral. el peso de tu país crece y los estados miembro te ven de una manera distinta. Era la quinta vez que España entraba, es una elección muy reñida y vencimos en la tercera vuelta a Turquía. Los dos años previos se movilizó la diplomacia española en el mundo entero, y prácticamente el ministro español de Asuntos Exteriores no se bajó del avión en un año entero. En ese año de campaña di todo lo que soy capaz de hacer, de pensar, de imaginar… por eso la creatividad también es muy importante para ser embajador. Se trataba de conquistar el voto de 192 estados, y tuvimos un equipo increíble.

¿Y alguna experiencia que hayas vivido con tristeza?

Tuvimos un momento especialmente duro, más que triste, cuando estuve como embajador en Argentina y se produjo la expropiación de YPF a Repsol. Todo esto me tocó a la semana de presentar mis cartas credenciales en Buenos Aires. Era la inversión más importante de España en el exterior, 11.000 millones de dólares invertidos en YPF y que fueron expropiados. Realmente provocó un momento muy complejo en la relación bilateral.

En tu cargo has conocido a mucha gente. ¿Alguna personalidad especialmente magnética?

Yo estaba siempre muy impresionado por Barack Obama, y pude asistir a una reunión con él en Washington, junto al resto de embajadores del Consejo de Seguridad de la ONU. Tuve la fortuna de estar dos horas con él y no te deja para nada impasible: me sorprendió su informalidad, su gestualidad es distinta, más relajada. En las Naciones Unidas ha habido grandes oradores que suben al estrado sin papeles y son capaces de construir discursos increíbles. Por ejemplo António Guterres nos cautivó mucho a todos.

¿Y qué tal era Kofi Annan? A mí, personalmente, me gustaba mucho.

No le traté tanto pero era un comunicador extraordinario, con una educación exquisita. Tenía un tono de voz que parecía que te susurraba las palabras, pero que te decía unas verdades como puños. Era de una fineza diplomática extraordinaria.

Román, ¿tienes espíritu nómada o albergas echar raíces en algún momento?

Ya van entrando ganas de echar raíces. Después de este destino volveré a Madrid y  tendré una última salida al extranjero, porque nos jubilamos a los 70. Con total seguridad echaré raíces en Madrid, donde está mi familia, aunque ahora tengo a los hijos desperdigados: mi hija está en Nueva York, tengo a un hijo en Zurich y a otro en Madrid. Tengo ganas de que nos reunifiquemos y que todos vayamos a Madrid.

Román Oyarzun, frente a un tapiz con el escudo de España.

DINAMARCA

Es inevitable tener ideas preconcebidas sobre países, lugares… ¿Se ha cumplido alguna de tus ideas sobre Dinamarca?

En general se han cumplido mis expectativas, sí. Por ejemplo la tranquilidad, sabía que iba a ser un destino apacible y que la vida en Copenhague es relajada. También se han cumplido las ideas sobre el grado de bienestar y felicidad, aunque por ejemplo el clima no es ni mucho menos como la gente cree. Aquí raramente nieva y el clima es más benigno que en Nueva York.

¿Crees que tenemos un poco idealizados a los países nórdicos?

Te voy a dar la vuelta a la pregunta, yo lo llamo el milagro danés. Uno se fija en lo que era Dinamarca hace sesenta años y en lo que es hoy y es para descubrirse. Este país ha logrado en dos generaciones ponerse a la cabeza de los países desarrollados, con un nivel de vida extraordinario, un PIB con alto poder adquisitivo y un sector exportador muy dinámico. Creo que los daneses tienen motivos para estar orgullosos de todo lo que han construido.

¿Y cómo son las relaciones entre España y Dinamarca?

Son fantásticas. Los españoles aquí están muy bien, más allá de los problemas menores incidentales que pueda haber en cualquier lugar… Las relaciones comerciales van fantásticamente bien, ahora estamos vendiendo más a Dinamarca de lo que exportamos, nuestra balanza comercial va a tocar el 120%. El turismo ha ido como un tiro, antes del corona estábamos en cifras de 1,4 millones de turistas daneses en España, lo cual es una barbaridad. Somos el primer destino turístico para los daneses, con el 18%, y doblamos en porcentaje a Francia e Italia. Y de los daneses que tienen casa en el extranjero, el 50% la tienen en España. Además hay un contacto muy estrecho entre Pedro Sánchez y Mette Frederiksen en las reuniones europeas, con una magnífica conexión personal, y lo mismo sucede con los ministros de Asuntos Exteriores.

¿La comunidad española en Dinamarca está concentrada o muy disgregada?

Está fundamentalmente en Copenhague, en todo el país hay unos 6.800 ciudadanos españoles. Para tener un contacto con ellos más allá de la fiesta nacional, estructuré cenas coloquio en mi residencia con distintos colectivos de españoles. Pude hacer seis antes del parón del coronavirus: con los fundadores de Casa de España, con profesores de español, con la asociación de investigadores, con los jóvenes emprendedores españoles, con los españoles que trabajan en las Naciones Unidas en Copenhague, y también con los jubilados españoles en Dinamarca.

¿Qué similitudes encuentras entre los dos países?

Hay muchas cosas que nos unen, sobre todo en el terreno político. Tenemos dos monarquías, dos democracias absolutamente consolidadas, somos dos miembros muy defensores de la Unión Europea y dos países miembros de la OTAN. Es difícil que el común denominador sea más alto. España y Dinamarca tienen una visión muy parecida del mundo, por eso la relación bilateral es tan sólida y tan buena. Y en el aspecto social he descubierto que el danés puede ser tremendamente cercano. Hay un estereotipo de que los nórdicos son distantes y fríos, pero yo lo considero un cliché. Es verdad que al principio pueden parecer más fríos, pero cuando perteneces a una comunidad de vecinos, a una asociación deportiva o cultural tienen una calidez muy grande, yo la he experimentado.  

¿Y qué me dices de las diferencias entre ambos países?

El protestantismo ha impreso unas costumbres distintas a las que la cristiandad imprimió en España.

¿Por ejemplo?
En España no verías a nadie que vive en un bajo sin persianas, sin visillos, haciendo su vida de cara al público, y aquí en Dinamarca es lo habitual. Aunque la globalización acerca todo y atenúa las diferencias, a mí esto me llama mucho la atención.

¿Encuentras paralelismos o diferencias en la gestión de la pandemia entre ambos países?

Los dos lo hemos hecho lo mejor que podemos. La experiencia nos ha demostrado que los resultados han sido distintos con recetas iguales y distintos con recetas desiguales. Es un virus tan tremendo que parece que se retira y vuelve a golpear con más fuerza si cabe; es muy traicionero, y ése es el clarísimo denominador común.

¡Muchas gracias, Román, por compartir tu trayectoria con los lectores de ‘Velas y vikingos’!

Espero que os haya gustado esta entrevista, yo disfruté mucho realizándola. ¡Feliz fin de año a todos, y que sepáis que ‘Velas y vikingos’ seguirá dando mucha guerra en un 2021 más esperanzador que nunca!

13 Comentarios

  1. Qué interesante, aquí te ha salido la vena periodística más que nunca, qué bien. Parece que es un destino ya de medio retirada para el diplomático, no? No me imagino conflictos diplomáticos entre Dinamarca y España a corto plazo, la verdad. Veo que vas subiendo el nivel de los entrevistados… La siguiente que sea la reina Margarita. Bueno, o un término medio: un chavalín que empieza en el mundo del cine, Lars von Trier. Estás tardando.

    Me gusta

    1. Qué alegría que estés aprendiendo cositas conmigo, Yolanda! Muchas gracias por tus palabras… Román tiene una trayectoria interesantísima, sí… Una pena porque al final no vamos a Navidades, pero el 2021 será nuestro año, ¡ya verás! Un beso enorme

      Me gusta

  2. Yo
    Geniales las preguntas que haces y sus respuestas.
    Me he quedado atónita con la información sobre el número de turistas daneses que visitan España y los que tienen casa aquí. ¡Wow! ¡¡Qué cifras!!
    También me ha sorprendido mucho que algunos españoles elijan Dinamarca como destino para vivir tras jubilarse. Eso me parece bastante atípico. ¡Con lo bien que se está en España! 😍

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s