La incredulidad ante lo invisible

Justo hace un año un virus invisible ponía en jaque a toda la humanidad y hacía que el mundo del siglo XXI se enfrentara a lo nunca visto: muerte por doquier, hospitales colapsados, colegios cerrados, crisis de ansiedad, comercios en bancarrota… Y un año después los ecos de la pesadilla siguen, aunque por suerte más atenuados. Por eso quiero repasar en este artículo, a título personal, cómo hemos vivido la pandemia del coronavirus en Dinamarca.

En marzo de 2020 la sociedad danesa, como tantas otras, ya estaba con el runrun de los extraños hechos que estaban ocurriendo en China: hospitales de campaña, ciudades desiertas y el habitual oscurantismo informativo de las autoridades del gigante asiático. Nadie podía aventurar que ese coronavirus chino, como se le bautizó en un comienzo, llegaría  al país nórdico. De hecho, en enero hubo polémica entre los dos países a cuenta de una caricatura que publicó el periódico danés Jyllands-Posten sobre el coronavirus y la bandera china que no sentó nada bien en el dragón rojo.

La caricatura de la discordia, publicada por el diario Jyllands-Posten el 27 de enero.

El jarro de agua fría

Pocos podían presagiar la repentina comparecencia televisiva de la Primera Ministra danesa, Mette Frederiksen, el 11 de marzo. Ese día se dirigía a toda la nación para anunciar el cierre total del país para frenar la epidemia. En Dinamarca se habían registrado 600 infectados (muchísimos menos en proporción que otros países), pero las autoridades prefirieron ser cautas. Durante cinco semanas los escolares estuvieron en casa, y el 15 de abril los niños más pequeños regresaban a las aulas (Dinamarca fue el primer país de la Unión Europea en tomar esta medida). El motivo para adoptar esta decisión fue que las cifras de contagiados se habían estabilizado y que el país contabilizaba 187 fallecidos, un número reducido comparado con otros países.

El resto de la vida pública siguió paralizada hasta el 18 de mayo, fecha en la que reabrieron con relativa normalidad tiendas, restaurantes, bibliotecas…, y regresaron a las aulas los alumnos mayores de 10 años. En ningún momento desde el inicio de la crisis se prohibió salir a la calle o circular con mascarilla, por lo que puedo asegurar que la primavera de la pandemia en Dinamarca fue muchísimo más laxa que en otros países. Eso sí, los que teníamos a la familia fuera vivimos con muchísima preocupación toda la vorágine de noticias, nos parecía algo demencial. La desescalada en Dinamarca continuó en junio y agosto, con medidas especiales de aforo en los lugares públicos pero con todo abierto.

Magistral ilustración del dibujante César Oroz en Diario de Navarra.

De repente… la mascarilla

Hasta el 22 de agosto, las mascarillas habían sido algo anecdótico en Dinamarca, prácticamente nadie las llevaba. Pero a partir de ese día comenzaron a ser obligatorias en el transporte público, y semanas más tarde este requerimiento se amplió a cualquier recinto cerrado. Tras meses de descanso relativo y el relajamiento de la población en verano, el coronavirus volvió a golpear a la sociedad danesa en otoño, con un aumento paulatino y constante de los casos. Se generalizaron las PCR masivas y gratuitas, con el objetivo de atajar la curva de contagios.

Y llegó un terremoto informativo: el 4 de noviembre se anunció que se había encontrado una mutación del coronavirus en los visones del país, una variante menos sensible a la vacuna. Ahí fue cuando muchos conocimos que Dinamarca es el principal productor de piel de visón del mundo. Rectifico, era. Ante la aparición de esta nueva cepa, el gobierno ordenó de manera fulminante sacrificar a toda la población de visones del país para evitar su propagación. En total, entre 15 y 17 millones de animales sacrificados que pusieron en pie de guerra a las granjas productoras del país. El revuelo fue tan grande que semanas después dimitió el ministro de Agricultura, Mogens Jensen, tras reconocer que el gobierno no tenía base legal para ejecutar el sacrificio masivo.

Y llegó el segundo cierre

El 9 de diciembre ocurrió lo que a todas luces era evidente: Dinamarca debía afrontar su segundo cierre parcial, con unas cifras que superaban los 2.000 contagiados al día. Ante el descontrol de la situación todo volvía a cerrar, y lo único que permanecían abiertas eran las escuelas y guarderías para alumnos menores de diez años. Las Navidades fueron muy diferentes para miles de familias, que no se pudieron reencontrar con sus seres queridos (incluidos nosotros, que no viajamos a nuestra Pamplona natal). La buena noticia fue que los tests se seguían realizando a muy buen ritmo y que la vacuna se empezó a suministrar el 27 de diciembre. 

Comenzamos 2021 con muy poca energía, porque el panorama no era nada halagüeño: el país seguía cerrado y los escolares a partir de seis años también debían estudiar desde casa. Anímicamente enero fue un mes muy duro para todos en Dinamarca, porque se estaba viviendo el peor momento de la crisis en cuanto al número de fallecidos y las restricciones. Mientras en muchos países los alumnos estaban en las aulas y la restauración y las tiendas permanecían abiertas, en este país nórdico le habíamos dado otra vez al botón de ‘Pause’, con el desgaste añadido de arrastrar una vida con altibajos desde marzo.

El descontento de una parte de la sociedad también se notó en las manifestaciones de un nuevo movimiento autodenominado Men in black: los asistentes vestían de negro, llevaban antorchas y exigían de malos modos a la Primera Ministra la reapertura social, negando las consecuencias sanitarias de la pandemia.

En Dinamarca también hay negacionistas que aseguran que la Covid 19 no es peligrosa, como en esta pegatina que pone :¿Coronavirus? Sí, gracias.

Un poquito de luz al final del túnel

El 8 de febrero, tras cinco semanas de semiestudio casero, los escolares hasta los diez años volvieron al colegio. El resto seguía cerrado, pero al menos muchas familias respiramos algo más aliviadas. Aunque por supuesto, la vida social seguía siendo la de un encefalograma plano, ya que no se podían juntar más de cinco personas.

El 1 de marzo regresaron en semanas alternas los alumnos mayores de catorce años a las aulas y reabrieron las tiendas, aunque no las de los centros comerciales… Y en esa situación seguimos: restaurantes, bibliotecas, museos, gimnasios, peluquerías, masajistas… siguen sin poder abrir sus puertas al público.  El ritmo de vacunación en Dinamarca está siendo algo más lento de lo esperado, a lo que se le añade que han suspendido el suministro del fármaco de AstraZeneca por los trombos que estaba originando en algunos pacientes.

Así que por aquí estamos, justo un año después de que comenzara este grotesco capítulo de la historia. Con unos pelos que claman al cielo e incrédulos por cómo han transcurrido estos 365 días que nos han robado a todos, pero tremendamente afortunados por poder contar con salud. Lo cual, en los tiempos que corren, es un auténtico tesoro.  

Los ilustradores gráficos han hecho una estupenda labor en reflejar la crisis sanitaria, como en esta ilustración del artista Chelo Candia.

8 Comentarios

  1. A toro pasado es muy fácil criticar la aptitud de los diferentes países ante la pandemia del Covid19. Pero Dinamarca, como otros países no puede presumir de modélica.
    El chistecito con la bandera china. La nefasta matanza de los visones. La no obligatoriedad de mascarillas, ete, etc. Pero lo que echo en falta en tu magnífico artículo de hoy y más conociendo, como conoces por experiencia, el país donde surgió este maldito “bichito”, China, que parece ser tiene totalmente controlada la pandemia. Nos mienten los chinos, o los ignoramos.
    Echo en falta una política común ante la pandemia en la Comunidad Europea.

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    1. ¡Como bien dices, a toro pasado es muy fácil hacer análisis! Yo creo que Dinamarca empezó la gestión de la crisis con mucho acierto y precaución y que luego ha cometido errores de decisión, aunque es algo muy subjetivo…. Y el papel de China es taaaaaaaaaaaaaan complejo. Yo, tras haber vivido allí, tengo dos cosas muy claras: es un país que puede hacer, y hace, grandes cosas, pero se nota la falta de democracia en muchos pequeños detalles. Y la libertad es esencial, querido mío… ¡Muchas gracias por comentar!

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  2. Esta situación ha sobrepasado a todos, los que la gestionan harán lo que puedan para detenerla o minimizar su impacto.
    Nada son rositas en ningún sitio.
    En Dinamarca no se filtran los datos de los sanitarios que han enfermado. En el hospital nos comentaron que más del 70% del personal había tenido covid (esto es Mayo y Junio 2020 hospital Herning y Holstebro) y que muchas veces a los médicos en general los números no les cuadraban con las muertes anunciadas. Como con el resto, las causas de muerte por covid no están estandarizadas en la EU. Por lo menos lo que me explicaron a mi la médica y las enfermeras allí se contaban cómo muertos por covid los que morían de covid y que quizás tenían una patología crónica, léase diabetes…pero otros muertos de covid padeciendo alguna enfermedad, léase cáncer, no entraban en el cómputo del covid. Obviamente nunca ha buscado datos para verificar esto pero me dio que pensar una buena temporada.
    Estamos viviendo un hito histórico para mal del que todos tenemos responsabilidad en la demora del final…ya sea en DK, SP, US, JP. ..y no acabamos de asumirlo.
    Por cierto: las amenazas de muerte a la primera ministra por el lockdown son el peor ejemplo que se ha dado en Europa de empatía y civismo con un cargo político.

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  3. Yo.
    Muy interesante el resumen de este año maléfico que hemos vivido y esperemos que mejore con la campaña de vacunación. Ha sido un año para olvidar y para hacernos pensar que nos puede cambiar la vida de forma radical en cualquier momento. Debemos apreciar cada momento de nuestra existencia y valorar lo que tenemos, ya que lo podemos perder de forma repentina.
    Yo lamento que algunos políticos se dediquen a priorizar su estancia en el poder y a reñirse entre ellos en vez de trabajar para intentar aliviar la situación precaria que estamos viviendo los ciudadanos.
    Gracias por tu artículo.

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    1. Totalmente de acuerdo, una de las grandes enseñanzas que hemos extraído de la pandemia es valorar mucho más lo que tenemos y a no dar nada por sentado… Y en mi opinión, el comportamiento de la clase política española ha sido bochornoso y deleznable. ¡Mil gracias por comentar!

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  4. Ay, cuánta ilegalidad nos han colado a costa de la pandemia. Primero han hecho y luego preguntado si era legal o no, como ha ocurrido en cualquier país de nuestro entorno (alucino con el caso danés de los visones). En pos de un supuesto beneficio para intentar evitar el contagio, han realiza normas, toques e queda, multas sin base, confinamientos, porcentajes de ocupación en espacios cerrados… en cada país de manera distinta y en cada región ídem. T

    oda una prueba para el límite de las libertades, tan básicas en nuestra época, y toda una prueba para el guante del poder judicial, sobre todo para aquellos jueces que han echado para atrás determinadas iniciativas totalmente carentes de base jurídica, y a quienes el resto de los poderes les han mirado como si estuvieran atacando el sistema democrático. Ains qué paciencia.

    Espero que al menos de todo esto salgamos valorando un poquito más un buen sistema de libertades y que restricciones como el toque de queda no se queden de base por si surgen otro tipo de problemas. Porque si hace un año los términos toque de queda o estado de alarma nos sonaban a épocas dictatoriales, espero que a partir de ahora no se vean como una solución de la que tirar por motivos mucho más livianos que la pandemia.

    Perdón por la chapa michellequeesesoooooo!!!!!

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    1. ¿Chapa? Qué es esoooo?? Tranquilo, normal que nos pongamos filosóficos… Esta época que nos está tocando vivir hace que nos replanteemos muchas cosas, ¿verdad? Quiero pensar que todas esas restricciones se pusieron para protegernos, no para controlarnos o recortar nuestros derechos… ¡Así que espero que no hayan llegado para quedarse! Muchas gracias por tu aportación, ¡tan sabia como siempre!

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